El conflicto en Medio Oriente escaló este fin de semana con una ofensiva sin precedentes de Estados Unidos e Israel contra Irán, en un intento por frenar lo que consideran un programa nuclear militar y un inminente ataque. La respuesta de Teherán no se hizo esperar: tras la muerte de su líder supremo, el ayatolá Alí Jamenei, en los primeros bombardeos, y la pérdida de altos mandos militares, la república islámica lanzó una andanada de drones y misiles contra territorio israelí y bases estadounidenses en el Golfo Pérsico, así como contra objetivos de sus aliados en la región.
La guerra, que ya cumple una semana, ha sacudido los mercados globales. La directora del Fondo Monetario Internacional (FMI), Kristalina Georgieva, advirtió que el conflicto pone “a prueba” la estabilidad económica mundial, con repercusiones que podrían extenderse más allá de las fronteras de Oriente. Corea del Sur, por ejemplo, anunció un fondo de estabilización de miles de millones de dólares para contener el desplome histórico de su bolsa, que registró pérdidas récord en medio de la incertidumbre.
Irán, por su parte, aseguró haber atacado con misiles las bases de grupos kurdos en el Kurdistán iraquí, donde operan tropas estadounidenses. “Hemos golpeado con tres misiles los cuarteles de las fuerzas kurdas que se oponen a la revolución”, declaró un portavoz militar, citado en un comunicado oficial. El mensaje fue claro: “Los grupos separatistas no deben creer que han llegado nuevos vientos para actuar”, advirtió el exparlamentario Ali Larijani, en una advertencia dirigida a quienes pudieran intentar aprovechar el caos para impulsar agendas independentistas.
En Washington, la Casa Blanca desmintió versiones que circulaban en medios internacionales sobre un supuesto plan para armar a milicias kurdas y provocar un levantamiento contra Irán. Sin embargo, confirmó que el presidente Donald Trump mantuvo conversaciones con líderes kurdos que se encontraban en una base estadounidense en el norte de Irak. El mandatario republicano logró una victoria política clave cuando el Senado rechazó una resolución que buscaba limitar sus facultades para conducir la guerra, consolidando así su margen de maniobra en el conflicto.
Mientras tanto, en el océano Índico, las operaciones de rescate en Sri Lanka continúan tras el hundimiento de un buque militar, con un saldo provisional de 87 marinos muertos y decenas de desaparecidos. Las autoridades locales, que lideran las labores de búsqueda, enfrentan condiciones adversas en alta mar, lo que dificulta las tareas de recuperación de cuerpos y posibles sobrevivientes.
El escenario bélico sigue evolucionando con rapidez, mientras la comunidad internacional observa con creciente preocupación. Analistas coinciden en que, más allá de las batallas en tierra y aire, el verdadero campo de batalla podría ser la economía global, donde los efectos de esta guerra ya comienzan a sentirse con fuerza. Los precios del petróleo se dispararon, las cadenas de suministro se tensionaron y los inversores buscan refugio en activos seguros, en un contexto donde la incertidumbre parece ser la única constante.























































































































































































































































































































































































































































































